La historia de mi fin de semana de magia en La Tortuga

La Tortuga

Jul 07

He viajado muchas veces… pero me duele decir que no conozco casi mi país.

¡Por eso visitar La Tortuga me generó tanta emoción!

El viaje inició temprano.

Un desayuno rico y luego a navegar un par de horas en un yate de lujo, ¡qué maravilla!

No les voy a mentir, las olas hicieron que me preguntara si todo valía la pena, pero unos minutos después un grupo de delfines nadaron junto a mí y ¡Vaya que valió la pena!

Apoyé mi cabeza en el asiento. Silencié mis pensamientos. Me relajé con la brisa fresca del mar Caribe.

Cerré los ojos y al abrirlos ya estaba rodeada del azul más hermoso que he visto en mi vida.

Sentí la necesidad de entrar inmediatamente a la playa. Te lo puedo jurar, no había conocido un lugar tan maravilloso: el sol brillante, la arena fresca y el agua tibia.

Soy de esas que cree plenamente que los viajes te transforman, sacan lo mejor de ti y te renuevan. Así me sentía, dejé de ser la joven de 21 años y me convertí en una pequeña de 9 que quería revolcarse en la arena blanca.

No podía creer que seguía en Venezuela, solo cuatro horas de viaje y ya estaba en uno de los sitios más bellos del planeta, de esos que hacen que cuestiones la vida y que olvides los problemas.

Para los amantes de la tecnología este es el infierno

Un “infierno” en el cual yo amaría vivir.

Desconectarse es la obligación pero después de un rato, un segundo o menos, se vuelve un placer.

Todas estas emociones me recorrían el cuerpo y lo mejor es que aun no terminaba el primer día.

Almorcé pescado frito. Estaba realmente estupendo: fresco, crujiente y con un sabor indescriptible.

Luego me dispuse a disfrutar del atardecer mientras tomaba fotos.

Llegó la noche y por suerte tocó luna nueva, eso hizo que el millón de estrellas se vieran particularmente más cerca y más grandes. Para cerrar con broche de oro dormí escuchando el sonido del mar.

¡Primer día listo!

Sábado, perfecto Sábado

El sábado desperté con los primeros rayos del sol. Desayuné y luego recorrí Cayo Herradura junto a una perrita de la isla.

No sé si les ha pasado que de la nada ocurre algo maravilloso y sienten que fue un regalo de la vida... a mí me pasó.

Mientras caminaba por la orilla vi a lo lejos una gran cantidad de aves.

K-pri, el nombre que le puse a mi compañera de cuatro patas, salió corriendo hacia ellas lo que hizo que todas volaran a la vez, lo mejor es que tenía mi cámara a la mano y pude grabar el momento perfectamente.

Gracias vida, gracias K-pri, gracias Soco.

En la tarde hicimos un paseo por los cayos. Las paradas eran en La Piedra y Tortuguillo. No podía ser mejor, pero lo fue. En el primer destino probé mi valentía y me lancé de una piedra que a primera vista parecía pequeña, pero ya en ella era sumamente alta. En el segundo, tenía una playa espectacular solamente para mí.

De regreso a Cayo Herradura, pasé por el museo de piedras y ayudé a construir la torre más bonita, mientras el cielo se teñía de morado y rosa.

Disfruté de la noche después de una increíble cena y dormí profunda y plácidamente.

¡Segundo día listo!

Domingo, ¿por qué llegaste?

Nuevamente desperté temprano para aprovechar mi tercer día.

La mañana se fue con un par de fotos memorables y un relajante chapuzón.

Lo único bueno de los finales como este es que me dan la oportunidad de volver a programar otro viaje con Soco Adventures.

Uno de mis momentos favoritos fue el regreso, pero para seguir contando tendrías que leer por lo menos dos días más.

Lo resumiré en pocas palabras: buena música, una excelente compañía y, nuevamente, los delfines nadando a mi lado que esta vez parecían despedirse.

Al final, mi experiencia en La Tortuga se resume en una sola palabra:

Mágica”.

Ahora mi única pregunta es…

¿Cuál será mi próximo destino?